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Catedral de El Buen Pastor, San Pedro Sula, Honduras Pascua 6, Año C (RCL), 8:30 de la mañana San Pedro Sula, Honduras Posted: 5/13/2007 |
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Los días pasados
visitamos ministerios desarrollados para personas de esta diócesis en
compañerismo con ERD. En nuestro grupo hemos visto ejemplos de la ciudad
eternal, aquí en San Pedro Sula, y en dos sitios llamado el Tigre y Gotas de
Sangre, ambos cerca de Copan. Los dos están lejos de la carretera, y muchos
pobladores son indígenas mayas. Los ministerios en los tres lugares ejemplos de
la ciudad eternal, pues sus acciones engendran comunidades de amor, justicia y
paz. Frecuentemente,
uso la palabra shalom como saludo en mis cartas y comunicaciones. Es una
palabra hebrea, que significa la paz. Pero significa más que una paz simple. En
el antiguo testamento shalom es lo que Dios sueña para toda su creación, en la
cual todas las criaturas viven en paz, los seres humanos viven en una sociedad
de justicia, y en lo cual ninguna persona aprende la guerra. Aun los animales
viven en paz, y no buscan a otros para comerlos: ¡ahora todos son vegetarianos! Shalom significa
el reino de Dios; significa la ciudad eterna que es verdaderamente la ciudad
eterna de Jerusalén, tal como lo hemos oído en la lectura de Apocalipsis. En el
nombre “Jerusalén,” la parte “salén” proviene de esta palabra shalom. Jerusalén
es la ciudad de paz. Allá fluye un río de agua viva, que hace crecer el árbol
de vida. Toda la humanidad permanece en paz. Esta ciudad de vida es una
comunidad de justicia. Todos tienen comida en abundancia, con agua limpia, sin
enfermedades o prejuicios, y con trabajo digno y agradable. Esta palabra
shalom expresa una forma de vida. En la ciudad eterna, habrá justicia para todo
el mundo. La paz de Dios no es solo la ausencia de la guerra, es la presencia
de justicia. En la Eucaristía, cuando decimos “la paz de Cristo o la paz del
Señor sea siempre con ustedes” queremos decir esto: que la paz y justicia de
Dios sean con todo el mundo… eternamente. ¿Pero cuándo es
“eternamente”? Jesús dice que el
Reino de Dios está alrededor de nuestro, en nosotros, y en medio de nosotros.
Ya existe el Reino de Dios, pero también esperamos al reino de Dios,
especialmente en su plenitud. En el evangelio de hoy, Jesús esta confirmando a
sus discípulos que Él va a salir de su comunidad y de su presencia. Lo dijo
poco tiempo antes de su crucifixión y quiso indicar que iba a morir y
anualmente leemos la lectura para recordar y celebrar la fiesta de la
Ascensión. Si, es verdad que Jesús, el Cristo resucitado, va a partir de entre
sus amigos, pero no les dejará solos. Y también Jesús deja con ellos dos cosas
muy importantes: el Espíritu Santo, y también su paz. El Espíritu Santo
va a permanecer con ellos, para siempre, inspirándoles a cada momento, como sus
propias respiraciones, inspirándoles para vivir amando a Dios y a su pueblo. La
paz que Jesús les dejó es, al mismo tiempo, este sueño de shalom y el sentido o
la capacidad de mantener una actitud de paz en las relaciones con otros. La
capacidad de estar en paz con uno mismo también es un sacramento de paz por los
demás. Durante los días
pasados, los representantes de ERD y yo hemos podido ver ejemplos de paz,
construidos por las manos y las mentes y los corazones de muchas personas. Pero
la paz interior de los trabajadores es lo más importante. Sus sueños de paz
inician el ministerio, pero la paz en su mismo les permite continuar. Esta paz
no es la falta de acción, una depresión o la falta de esperanza. Es una paz que
continúa esperando, continúa luchando, continúa buscando la paz de una
comunidad de justicia. La paz interior
es un don de Dios. Pero también podemos invitar a que Dios aumente nuestra paz.
Esta paz puede fortalecernos para resistir el mal del mundo y también cambiar
el mundo hasta lograr el sueño de Dios. He podido ver la paz de Dios los días
pasados: en los que viven con VIH/SIDA y en los que trabajan en la comunidad
Siempre Unidos, que ahora es su nueva familia. He visto la paz que permanece en
la familia y la comunidad de un hombre que ha ganado nuevos talentos enseñando
a sus vecinos a vivir en forma más saludable. He visto y oído a una mujer que
ahora está predicando a sus vecinos porque su autoestima ha ido creciendo a
todo lo largo de un año. He visto la paz en muchas vidas, la paz que anima, que
da ánimo para buscar la vida abundante de Dios. ¿Dónde ha visto usted esta paz?
¿Cuándo ha experimentando esta paz? Es un ejemplo del reino de Dios, es una
entrada a la ciudad de Jerusalén, es el sueño de Shalom. |