Bonnie Anderson, presidenta de la Cámara de Diputados hizo una declaración sobre la reciente Reunión de los Primados y su comunicado final.
A continuación se encuentra el texto completo de la Anderson:
El comunicado de la Reunión de los Primados en Dar es Salaam, Tanzania, me ha preocupado mucho por sus implicaciones para la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana.
Los Primados continúan contando con mi afecto, oraciones y compañerismo en el camino de la Cruz y respeto su liderato en nuestra Comunión. Sin embargo, su comunicado genera profundas y serias implicaciones sobre su autoridad para pedir que otras iglesias miembro tomen una serie de medidas específicas detalladas en el comunicado y si tienen la autoridad para hacer cumplir las consecuencias o sanciones contra otra iglesia miembro que no actúa en la forma que ellos desean. La clase de autoridad para los Primados que se hace implícita en el comunicado no sólo alterará a la Iglesia Episcopal sino también la esencia misma de la Comunión Anglicana.
La forma de gobierno de la Iglesia Episcopal es una donde la toma de decisiones se comparte entre los laicos, presbíteros y diáconos, y los obispos. La Cámara de Obispos no toma decisiones obligatorias y finales sobre el gobierno de la Iglesia. Decisiones tales como las solicitadas por los Primados deben ser primero consideradas y finalmente decididas por toda la Iglesia en todas sus órdenes de ministerio y en conjunto.
Algunos se están preguntando si los Primados pueden pedir que la Cámara de Obispos tome ciertas decisiones y establecer una fecha para hacerlo. Ciertamente, pueden pedirlo. Pero hay otras cuestiones más importantes que deben considerarse, por ejemplo: ¿Es una buena idea que nuestra Cámara de Obispos haga lo que se le ha solicitado? ¿Es la Cámara de Obispos de la Iglesia Episcopal el cuerpo pertinente para responder al pedido de los Primados?
Cuando se nos está pidiendo como episcopales que dejemos de lado a algunos de nuestros miembros que quieren responder al llamado del Espíritu Santo para usar los dones que Dios les ha dado para ejercer un ministerio fructífero, nuestra promesa bautismal - buscar y servir a Cristo en todas las personas - debe ser tenida en cuenta. Nuestra promesa de luchar por la justicia y por la paz y por el respeto a la dignidad de todo ser humano nos une a todos. La Iglesia Episcopal ha declarado repetidamente que nuestra interpretación del Pacto Bautismal nos obliga a que tratemos todas las personas de la misma forma sin tener en cuenta su raza, estado matrimonial, sexo, orientación sexual, discapacidades, color, origen étnico o nacionalidad.
La obediencia al pedido de los Primados alterará la forma en que la Iglesia Episcopal interpreta su lugar dentro de la Comunión y la forma en que los episcopales toman decisiones para la vida común. Nuestra Iglesia establece políticas e interpreta sus resoluciones y cánones por medio de la Convención General y, en menor grado, por el Consejo Ejecutivo.
Como presidenta de la Cámara de Diputados que cuenta con más de 800 miembros, tengo el deber de asegurar que la voz del clero y los laicos de la Iglesia sea escuchada en estos momentos en que se está discutiendo y debatiendo la solicitud de los Primados y este proceso no puede ser frustrado por la Cámara de Obispos o cualquier otro grupo. Ya he comenzado a trabajar sobre este tema.
Todos los anglicanos deben recordar que la segunda Conferencia de Lambeth en 1878 recomendó que "cualquier decisión debidamente certificada de una iglesia nacional o particular y de toda provincia eclesiástica (o diócesis no incluidas en otras provincias) en el ejercicio de su propia disciplina debe ser respetada por todas las demás Iglesias y por sus miembros individuales."
Esta ha sido la tradición de la Comunión Anglicana. Demandar estricta uniformidad de práctica desmerece nuestras tradiciones anglicanas.
Nuestra tradición de iglesias autónomas de la Comunión Anglicana - nos reunimos porque nuestro amor a Cristo y nuestra común herencia nos han permitido que nos dediquemos a la misión y al evangelismo en un mundo quebrantado que necesita desesperadamente las Buenas Nuevas de Dios en Cristo. Sin embargo, en épocas recientes hemos dedicado demasiado tiempo, talento y dinero debatiendo si debemos denegar a algunas personas su lugar en la mesa donde Jesús nos ha llamado a todos juntos. En cambio, debemos escucharnos unos a otros - realmente escucharnos y no simplemente leer informes - para que podamos escuchar la voz del Espíritu Santo moviéndose entre nosotros y llamándonos a ser más fieles.